Para la mayor parte de las personas "obsesionarse" ocasionalmente por alguna cosa (un examen, un problema económico) entra dentro de lo "normal". Quizás esta “normalidad” hace que no demos demasiada importancia a esos rasgos de carácter obsesivo, que pueden llegar a generar un malestar excesivo.
Aunque en la mayoría de ocasiones no es difícil separar una conducta normal de una conducta patológica, en el fenómeno obsesivo, no siempre resulta tan sencillo establecer la frontera entre obsesión “normal” y obsesión como “trastorno”. Uno de los indicadores más claros radica en el grado de interferencia que provoca en la vida de una persona la presencia de obsesiones, en la limitación e incapacitación para desarrollar de manera normal la vida cotidiana.
¿En qué consiste un TOC?
En el trastorno obsesivo-compulsivo las personas se ven invadidas por pensamientos (preocupaciones o miedos) o imágines indeseadas, repetitivas, que son experimentadas como no deseadas y que causan un gran nivel de ansiedad. Las obsesiones más frecuentes tienen que ver con la suciedad, la comprobación, el orden, la religión, la violencia (por ejemplo, temer hacerle daño a alguien) y el sexo.
Para bloquear o reducir el malestar causado por las obsesiones, aparecen las compulsiones o rituales: acciones motoras (lavarse las manos, comprobar si el gas está cerrado) o mentales (reconstruir de una determinada manera los hechos) repetitivas que se realizan siguiendo siempre el mismo orden, de forma ritualizada.
Por lo general, las personas que padecen un trastorno de estas características reconocen la falta de sentido de la conducta compulsiva y no obtienen placer en llevar a cabo esta actividad, aunque les produzca un alivio inicial. De hecho, al realizar la conducta la ansiedad baja, pero durante un corto espacio de tiempo, por lo que se vuelve a emitir con la esperanza de volver a bajar los niveles de ansiedad. Es así como la conducta se convierte en compulsiva y finalmente en ritual.


Con el tiempo el ritual, al no tranquilizar a largo plazo, pero sí mientras se lleva a cabo, se va alargando, con conductas añadidas, por lo que la vida se va limitando progresivamente, al ir ocupando el ritual la mayor parte del tiempo de la persona. Se comienza a llegar tarde al trabajo, a las citas, se abandona el ocio ("me asomo a la ventana y veo que hace un día precioso, pero no puedo salir porque tengo que limpiar hasta que todo está perfecto"... Esta situación aumenta la ansiedad y refuerza la aparición de pensamientos obsesivos.
El TOC se inicia de un modo gradual, sin un claro precipitante. No obstante, en algunos casos su aparición se ha visto asociada a determinados cambios (por ejemplo, tras un parto). La edad media de inicio está entre los 22 y 35 años, comenzado en el 65% de los casos antes de los 25 años, y en muy pequeño porcentaje (15%) después de los 35
Síntomas asociados
Las personas con un TOC evitan con frecuencia situaciones que se relacionan con el contenido de las obsesiones, como son la suciedad o la posibilidad de contraer enfermedades, la presencia de cuchillos, alturas y balcones, etc... Por ejemplo, una persona obsesionada con la suciedad puede evitar las salas de espera de los centros de salud o estrechar la mano a personas extrañas.
Las preocupaciones hipocondríacas son frecuentes, traduciéndose en visitas repetidas al médico para descartar alguna enfermedad. También puede haber sensación de culpa, sentimientos patológicos de responsabilidad y trastornos del sueño. Cabe observar asimismo un consumo excesivo de alcohol o fármacos sedantes, hipnóticos o ansiolíticos.
¿Cómo se trata?
La terapia conductual ha demostrado ampliamente ser la más eficaz en el tratamiento de este tipo de trastornos. Concretamente el tratamiento empleado se denomina "exposición con prevención de respuesta" para que la persona se habitúe a los estímulos temidos y compruebe que sus creencias catastróficas no se confirman. Lo que se hace es exponer a los estímulos, desde los que menos ansiedad causan, hasta llegar a los que generan mayor malestar ("exposición gradual en vivo"), impidiendo que en cada uno de ellos se realice el ritual ("prevención de respuesta").
Los tratamientos farmacológicos (prescritos habitualmente por los psiquiatras) suelen utilizar antidepresivos y tranquilizantes ansiolíticos que parece que reducen las obsesiones. El porcentaje de mejorías cuando se usan estos fármacos es parecido al de las técnicas conductuales, pero cuando se retira la medicación, hay un alto porcentaje de recaídas, que no se da con la terapia conductual.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que los fármacos siempre tienen efectos secundarios indeseables. Recientemente se están combinando terapias conductuales y farmacológicas. Se suele hacer retirando la medicación poco a poco, y siempre antes de terminar la terapia conductual.